Una comparativa de ida y vuelta: la sanidad pública en España y Quebec

Si en algo se diferencian la sanidad pública española y la quebequense es en… casi todo. A pesar de sufrir recortes desde hace ya una década y del intento de desmontar un sistema de salud privilegiado y envidiado internacionalmente, aún hoy la sanidad española sigue siendo única.

Para empezar, porque un español, por el simple hecho de serlo, dispone de un sistema gratuito y universal de protección y promoción para su salud, reconocido como derecho en la Constitución española. Esto engloba asistencia de urgencia, en centros de atención primaria (salud comunitaria) y especializada. Por lo tanto, acceso a una cartera de servicios referente mundial en cantidad y calidad de prestaciones. Respecto a los profesionales de la salud, por su formación y la excelencia en cuidados: médicos, enfermeras, auxiliares, profesionales, técnicos, psicólogos, farmacéuticos y un largo etcétera son demandados en todo el entorno europeo así como en el continente americano, desde Canadá hasta Argentina.

El hecho de tener domicilio en una zona implica la adscripción automática a un centro de salud, con los servicios médicos y de enfermería básicos, y si el paciente requiere atención especializada, esta se gestiona desde los servicios de atención primaria por el médico generalista. De la misma forma que los ciudadanos españoles, los inmigrantes o los turistas que sufren una urgencia en territorio español son atendidos de forma rápida, eficaz y gratuita. A algunos les parecerá normal, pero esto es una excepción y bien lo sabemos quienes hemos vivido en Quebec o en casi cualquier otro lugar del llamado mundo desarrollado.

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El CLSC de la Petite Patrie

 

Le système de santé québécois

Personalmente y tras vivir 2 años y medio como expatriado en Quebec, criticar el modelo de sistema de salud español me parece poco menos que insultante. En mi caso, he conocido el sistema sanitario de “la belle province” no solo como usuario sino también como profesional. Mi trabajo como becario de investigación en Montreal y como profesional de urgencias y emergencias (Urgences-santé) y de la donación de órganos (McGill University Health Centre y Hôpital du Sacré-Coeur) me permite realizar una reflexión comparativa con cierta perspectiva.

Como usuario, en 28 meses de residencia en Quebec, no tuve derecho a la asignación de médico alguno y, en el caso de mis hijos, ni por asomo de pediatra. La única vez que precisé, al poco de llegar, asistencia de urgencia para una herida en la cabeza de mi hijo pequeño pretendían cobrarme 750 CAD por curarle, tras siete horas y media en la sala de espera… Afortunadamente, contaba con un seguro privado que se hizo cargo del pago, pero en caso contrario me habrían reclamado el total. Todo ello debido a que al acabar de llegar me encontraba en el llamado “periodo de carencia” para tener derecho a la tarjeta sanitaria y, por tanto, asistencia sanitaria.

Durante mi estancia descubrí, que la inmensa mayoría de la población de Montreal carece de médico generalista asignado, no digamos ya de pediatra, y que los CLSC (centros de salud comunitaria) tienen horarios reducidos, plantillas mermadas y capacidad resolutiva muy mejorable. Además, la asistencia en ambulancia (dependiente de Urgences-santé) se factura al usuario por unos 120$ y la salud buco-dental, salud mental, el seguimiento de embarazo, parto y puerperio, son de pago.

En lo referente a la calidad asistencial y de las infraestructuras caben matices, dependiendo de a qué centro sanitario nos refiramos. Las llamadas clínicas sin cita previa dejan mucho que desear, además de estar saturadas. Por el contrario, los grandes centros de alta resolución con todas las especialidades (adscritos a centros universitarios como McGill o la Universidad de Montreal o externos a las redes universitarias como el Hôpital du Sacré-Coeur) prestan servicios de alta calidad, pero no son eficientes en lo que a costes se refiere.

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El Jewish General Hospital de Montreal

 

El hecho es que, tras conocer los suculentos honorarios de los médicos canadienses (entre 4 y 10 veces superiores a los de sus colegas europeos) uno entiende que ese sistema de salud sea deficitario y, en el futuro, insostenible. Máxime cuando descubres que los desorbitados salarios, en muchos casos facturados al hospital donde ejercen como profesionales liberales (sic), y que no son extensivos a otros profesionales de la salud. Una enfermera española cobra lo mismo que una enfermera en Quebec. Pero un cirujano canadiense o un médico generalista puede llegar a cobrar hasta 10 veces el salario de un español.

Lógicamente, esto es una bomba de relojería por agravio comparativo entre los diferentes profesionales. Esa bomba, estaba a punto de estallar cuando yo ya regresaba a España. Y lo curioso es que las quejas provenían de la privilegiada clase médica que decía estar peor pagada en Quebec que en otras provincias de Canadá.

 

Vuelta a casa

En fin, a mi vuelta a España he solicitado una cita a mi médico generalista, que me han dado para esa misma tarde, en el centro de salud de mi zona. Me han realizado un examen completo y una revisión con analítica (con resultados una semana después) y me he dado cuenta de la suerte que tenemos y que nada se empieza a echar de menos hasta que se pierde. Cuando ayer mismo, un helicóptero sanitario se desplazaba en minutos a atender a un joven en mi vecindario tras sufrir un infarto, del que se recupera tras un cateterismo en un hospital de Madrid, no hacía más que recordar que la provincia de Quebec no dispone de un solo helicóptero de emergencias para toda la provincia. Por supuesto, aunque lo tuviera, no estaría dotado de personal médico especialista ni de enfermeras. Allí se mantiene un sistema de ambulancias, donde los mal llamados paramedics tienen las competencias asistenciales absolutamente restringidas porque el Colegio de Médicos no les permite adquirir más.

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El gobierno provincial de Quebec ha puesto en marcha políticas de austeridad contestadas por los sindicatos del sector

En España existe un sistema paralelo de medicina privada, que va a más, y ciertos lobbies empresariales están siendo fomentados de manera espuria, en detrimento de una salud pública a la que algunos sectores del poder tildan de “deficitaria o ineficiente”. Si bien es cierto que la crisis económica y una dudosa gestión política han hecho que en los últimos años este modelo peligre, aún hoy podemos decir que nuestro sistema sanitario goza, nunca mejor dicho, de excelente salud. Esto es así gracias a la movilización de profesionales y de parte de la sociedad que defienden lo nuestro, lo de todos, como un valor irrenunciable.

Por supuesto, la calidad percibida por los usuarios del sistema es a veces motivo de queja. En su justa medida hay razones para que existan quejas y margen amplio para la mejora: siempre lo hay. Sobre todo en lo que respecta a las listas de espera para intervenciones quirúrgicas o pruebas diagnósticas. Además, por parte de los profesionales sanitarios existe una cierta falta de motivación y descontento por no sentirse reconocidos personal y profesionalmente. Todo ello provoca una creciente preocupación sobre la continuidad del modelo, máxime cuando los gestores políticos hacen y deshacen en demasiadas ocasiones buscando intereses partidistas o particulares.

Madrid, una región 25 veces menor que Quebec, tiene 2 helicópteros sanitarios disponibles desde el alba hasta el ocaso y 35 UVIS móviles dotadas de todos los medios para prestar ayuda de emergencias. No se cobra nada al ciudadano por atenderle, sin importar el caso de emergencia ni su nacionalidad, ni siquiera su situación regular en el país en términos de inmigración. En resumen, siempre podemos querer más y mejor, pero en salud, España es un paraíso. ¡Creedme!


Acerca de

Iván Ortega trabajó en el centro de simulación de la Universidad de McGill y en el Instituto de Investigación adscrito al Hospital de Niños de Montreal mientras realizaba su tesis doctoral y colaboraba en la docencia y evaluando la respuesta de los Paramedics de Urgences Santé en la misma ciudad. En Madrid trabaja como enfermero en los servicios de emergencia médica extrahospitalarios (SAMUR y SUMMA) y como profesor en la Universidad de Alcalá de Henares.


'Una comparativa de ida y vuelta: la sanidad pública en España y Quebec' tiene 6 comentarios

  1. agosto 18, 2016 @ 4:39 pm Nuria MPascual

    Mi hija nació en Montreal en abril de 2015. El seguimiento de embarazo fue bueno y común pero una vez nacida no conseguimos que la viera ningún pediatra. El primero que la reconoció fue a los cuatro meses, ya en España, a la semana de aterrizar. Recuerdo esa visita como una liberación por la tranquilidad que nos dio. De hecho, este es uno de los motivos por los que no volvería a vivir de manera indefinida en Canadá.
    He escuchado mil historias similares en las que el paciente está desvalido y vendido en un sistema muy poco transparente y en el que prácticamente no se invierte en ‘prevención’.
    Además, hay otra asignatura en la que suspenden con un cero: la atención a la tercera edad. A este colectivo se le tiene olvidado y no se invierte en mejorar su calidad de vida (Canadá es un país horrendo para vivir en él una vez jubilado)

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    • septiembre 15, 2016 @ 1:19 am JB

      Hola, soy española y llevo 35 años viviendo en Montreal. Tanto el comentario de Ivan Ortega como el de Nuria Pascual me cuentan una historia desconocida para mi, que llevo 35 años viviendo en Canada. Al llegar a Canada tuve inmediatamente mi tarjeta de salud de Quebec. En España trabajaba en un hospital y cuando llegue aqui segui por unos años trabajando y finalmente lo deje en el 1986, cambie de carrera. Pero recuerdo muy bien que en el año 1981 aqui ya habia la asistencia sanitaria universal, no en España. La cirujia aqui siempre ha ido mas avanzada que en España, aqui se hacian operaciones por laparoscopia cuando en España seguian haciendo un siete para hacer una operacion de vesícula, y nunca tuvimos que pensar en si teniamos o no dinero para operarnos, puesto que aqui es todo gratuito y no hay privado, por tanto nadie piensa que puede irse al privado como en España y le saquen a uno el dinero primero y cuando tienen que hacer una segunda operacion y no tienen ya dinero,el mismo cirujano le dice que no se preocupe que el mismo le hara la operacion en el hospital de la seguridad social. Pero para empezar ya les saco los ahorros en la primera operacion. Estas son las experiencias que me contaron algunos de los pacientes que compartian habitacion en dos ocasiones cuando ambos de mis padres, estuvieron ingresados en un gran hospital de la Seguridad Social en Barcelona. Uno en cardiologia en el 2005 y el otro en neurologia en el 2008.
      En el 2002 estando de vacaciones en Barcelona, y aunque presente mi pasaporte español y el de mi hija ,tuve que pagar 200 euros en el hospital para que el medico la viera porque tenia una otitis y le receto antibioticos. Aqui si no tienes la tarjeta sanitaria pagas 90 dolares por una consulta del mismo tipo.
      En cuanto al comentario de que no hay helicopteros, creo que no son tan necesarios como lo pueda ser en ciudades como Barcelona o Madrid, donde está superpoblado, con hospitales mucho mas distaciados que en Montreal y donde el trafico y los atascos son mucho mas comunes.
      En cuanto a lo de la asignacion de un medico de familia, dire que aqui tenemos el privilegio de escoger el que nosotros queremos y no el que alguien nos asigna, al igual que lo hacemos con los especialistas, cirujanos y los hospitales a los que queremos ir. Generalmente preguntamos a gente que conocemos paral escoger los medicos generales, los pediatras ya los buscamos cuando estamos embarazadas, y para los especialistas siempre se nos da una lista en que hay varios medicos de donde podemos escoger.
      Nuria Pascual dice que es un pais horrendo para vivir en el una vez jubilado, nos dice que a los de la tercera edad se les tiene olvidados, no se en que se basa para decirlo,pero la mayoria de los españoles que estan jubilados y se van unos meses a España, siempre se aseguran que vuelven a Montreal antes de los seis meses, que es el tiempo maximo que se puede estar fuera sin perder el derecho a la sanidad por tres meses y son jubilados que tienen derecho a la sanidad española. Lo de perder el derecho a la sanidad por tres meses es una nueva ley, puesto que antes nunca se perdía, pero cuando la gente abusa del sistema en este pais siempre se le pone remedio para que no se siga abusando

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  2. agosto 18, 2016 @ 7:50 pm L.E.

    Aunque en general estoy de acuerdo con todo lo que se explica en la líneas anteriores, tras 4 años y medio residiendo en Montreal y habiendo tenido dos embarazos y sus partos aquí, debo puntualizar que; en mi experiencia, no se cobran por separado sino que van cubiertos por el sistema público completamente (el seguro solo lo usas si quieres habitación individual en lugar de compartida). Los cuatro miembros de mi familia tenemos médico de familia aunque como bien se explica los tiempos de espera son larguísimos. Como curiosidad, mencionar que es el mismo profesional el que nos trata a los 4 (a mi marido, a mis hijos y a mí), el que me llevó durante los embarazos, el que asistió el parto y el que ejerce como médico de familia y pediatra de mis hijos.

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  3. agosto 18, 2016 @ 8:18 pm Anis

    Excelente resumen. Muchísimas gracias por tu artículo! Viene a resumir, de parte de un experto, lo que llevo pensando desde que llegué Quebec: los españoles que se quejan del sistema sanitario español no tienen ni idea de lo que están diciendo; ni de lo privilegiados que son, ni de lo que hay fuera. He vivido en México y ya valoraba lo que dejé en casa, pero cuando te das cuenta de que en países desarrollados como Canadá (ni que decir USA) están así… Dices “madre mía, hay que tener valor para criticar”… Estemos orgullosos de la nuestro y luchemos porque no nos lo quiten! Ah, y que no se lo quiten a los españoles no residentes!!

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  4. agosto 18, 2016 @ 9:37 pm Medicoshoy

    Nunca mejor dicho. Excelente artículo.

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  5. septiembre 10, 2016 @ 10:47 am La Cultural

    Gracias a todos por vuestros comentarios y aportaciones, que sin duda enriquecen la reflexión de Iván Ortega.

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