La rebelión de los patriotas

El pasado 23 de mayo se celebró en Quebec la Journée nationale des patriotes en sustitución del día de la reina Victoria, que se festeja en el resto de Canadá y representa la celebración nacional más antigua del país.

En la cultura quebequense, la guerra de los patriotas se recuerda de manera nostálgica, algo desfigurados los hechos y exaltadas las víctimas como guerreros y valientes combatientes, cuando en realidad se caracterizaron más bien por su cautela, en ocasiones temeridad y por su falta de estrategia y planes a largo plazo. Fue una rebelión visceral, sentimental, y de ahí la imagen romántica que llega hasta nuestros días. Existen numerosos monumentos para conmemorar las hazañas de los mártires y un vestigio, menos alegre de aquellos acontecimientos: la por entonces recién construida Prisión de Pied-du-Courant, que sirvió tanto de lugar de ejecución como de prisión para los rebeldes patriotas capturados. Afortunadamente para nosotros, todavía hoy en día se puede disfrutar de la arquitectura del edificio, algo ignorado al hallarse un tanto alejado de los circuitos turísticos tradicionales. Sin embargo y de mayor relevancia es el hecho de que se puede acceder en su interior al centro de interpretación La Prison-des-patriotes.

Para entender mejor esta fiesta, que marca el inicio oficial de la temporada estival, queremos esbozar los orígenes de la misma y de esta manera dar a conocer la historia que nos rodea en la bella provincia.

A principios del siglo diecinueve, los ecos de las revoluciones francesa y americana llegaban a las colonias británicas en Canadá. Estos territorios estaban divididos en dos regiones: una mayoritariamente francófona (Bajo Canadá) y la otra en su mayoría anglófona (Alto Canadá). Estas insurrecciones habría que entenderlas dentro del marco político activo en la Norteamérica británica. Monarquía, aristocracia y democracia gobernaban en las colonias canadienses; es decir, el gobernador general, representante nombrado por la corona británica, los miembros de la élite oligárquica, las familias más pudientes ante la ausencia de una aristocracia canadiense, y la democracia o los miembros elegidos mediante elecciones (lejos del voto universal). Estos últimos no poseían un poder real, ya que tanto el gobernador general como las familias pudientes controlaban los presupuestos, las decisiones legislativas, los impuestos, las levas militares y poseían el poder de veto. Con esto, las asambleas no podían ejercer ningún poder más allá del simbólico, a pesar de contar con un respaldo numérico (ya que eran una mayoría electa), y por tanto decidieron trasmitir sus peticiones a Londres, en forma de una agenda con 92 resoluciones que les permitiese una mayor autonomía y control de los asuntos de la colonia. La negativa desde Inglaterra no se haría esperar y unida a la depresión económica de los granjeros, a las crecientes tensiones con la urbanita minoría anglófona y al desapego hacia la institución monárquica tan propio de la política liberal americana, ocasionó que comenzaran a surgir protestas y desde los patriotas más radicales también llamamientos a una insurrección armada en la colonia.

Saint-Eustache-Patriotes

Cuadro de Lord Charles Beauclerk sobre la Batalla de Saint Eustache (14 de diciembre de 1837)

Hubo dos brotes de violencia durante los noviembres de 1837 y de 1838. El primero en noviembre de 1837 consistió en una serie de escaramuzas y batallas entre los rebeldes patriotas y el ejército regular reforzado con voluntarios reales. A la derrota final de los desorganizados rebeldes acompañó el saqueo y destrucción de asentamientos francocanadienses. Louis Joseph Papineau, entre otros líderes rebeldes, huyó a los Estados Unidos. Desde allí, y con la ayuda de voluntarios americanos, preparó una segunda rebelión par el noviembre de 1838, pero ésta fracasó nuevamente y llevó consigo más represalias contra las zonas rurales del Bajo Canadá. En total más de 325 personas murieron entre los rebeldes, centenares más fueron apresadas, varias decenas obligadas al exilio en Australia y muchas más sufrieron las consecuencias represivas. En el bando real, apenas perecieron 30 soldados británicos. Las rebeliones inspiraron a anglófonos radicales del Alto Canadá a seguir el ejemplo de sus vecinos y tomar armas contra la Corona. William Lyon Mackenzie dirigía las críticas contra las élites gobernantes (Family Compact) y se erigió como líder de la rebelión. A pesar de los numerosos voluntarios americanos y los simpatizantes del campo, la rebelión de principios de diciembre de 1837 fue fácilmente contenida por un pequeño grupo de la milicia realista a las afueras de la taberna de Montgomery en Toronto. Sus líderes también huyeron a los Estados Unidos e igualmente trataron de reorganizarse para lanzar nuevos ataques, sin embargo éstos nunca fueron más allá de pequeñas escaramuzas que apenas consiguieron desestabilizar la frontera. Acabado el año 1838 se habían apagado todos los conatos de insurrección y en este caso apenas hubo represión contra los habitantes del campo.

Si bien las rebeliones fracasaron en sus intentos de obtener una mayor representación política y un mayor control sobre las instituciones del gobierno, consiguieron forzar un cambio. Al poco tiempo, el noble inglés Lord Durham fue nombrado gobernador general y enviado a las Canadás para investigar e informar acerca de las causas de las rebeliones. Entre sus observaciones se incluían numerosas críticas a los elementos tradicionalistas franceses contrapuestos a los elementos modernizadores ingleses, además de concluir que en el Bajo Canadá se hallaban “dos naciones en guerra en el seno de un único estado”. Sus análisis y recomendaciones acerca del estado de las colonias norteamericanos se condensaron en el llamado “Informe Durham” mediante el cual exhortaba a unir los territorios del Bajo y el Alto Canadá en una única provincia, además de fomentar la inmigración de británicos para superar en número a los francocanadienses y asimilarlos a la cultura británica y por último de rescindir los privilegios garantizados a los francocanadienses tras los acuerdos de Quebec que siguieron a la rendición francesa.

En 1841 esta unión sería realidad.


Acerca de

Apasionado de la literatura y amante de la historia, Pablo Izquierdo Velasco, traductor y arqueólogo riojano, dejó la lluvia de sus montañas natales en busca de los gélidos vientos y la blanca nieve de la meseta de Quebec. Desde que visitó por primera vez Montreal en 2009, Pablo ha continuado viajando a la metrópolis canadiense hasta decidir asentarse en ella tres años después. Desde allí desarrolla su trabajo además de la pasión por la naturaleza, la fotografía, la arquitectura, el deporte y la gastronomía.


'La rebelión de los patriotas' tiene 1 comentario

  1. junio 10, 2016 @ 3:10 pm Nuria

    ¡Muy interesante! Sí, señor. Québec no deja de sorprenderme, tan reciente y con tanta historia.

    Responder


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