Háblame silencio

Hábleme silencio

No pronuncie entre los médanos el silencio de la vida nueva
Las espigas lejanas respiran de las sombras en pensamientos alados
Al perderse en un húmedo parpadeo el final de un buen libro

No hable aún de ella, por respeto a los vaivenes
De surcos encerados en oro líquido volcánico
Pues en la cúspide baldía su presencia indomable está escribiéndose

¡No! silencio
Déjeme respirar la cítrica vigilia enmelada
Sorprender al amanecer a cada tecla, cada letra apasionada
Dictada en una mirada, luz menguante y ella

 

Medito

Arena ausente en mi balcón de esquina
Donde medito
He retornado, en realidad,
Al vuelo de aves de pico rojo
A la ballena de piedra lisa y
Saladas mareas frescas, en espejismo,
A la risa dibujada de hielos espumosos
Al oloroso litoral impregnado en recuerdos
Donde medito.

 

Pasará mañana.

No sé si dijo la verdad o dijo solo te extraño
Cuando volví la mirada, había árboles en acuarelas
La impresión de unas huellas enlodadas de pantano
Una sonrisa erguida en la enredadera del recuerdo

No sé si fué la garua o el rocío matinal
Un regalo y una nota humedecida, indescifrable
El olor de arcilla refrescándome los pies
Que sería si fuese la verdad, entonces…

No sé, el columpio es de madera o de bambú
Intemperie confusa en rincones cálidos
Siempre tú, el sur y tanta tierra mojada
Si sólo dijo te extraño, pasará mañana

 

Santa Ana de los Lagos

Viajando en aquel autobús,
Detrás del enrejado, en el asiento carcelario
Intenté conciliar el sueño y saborear un sorbo de paz
El silencio inexpresivo me arrulló hasta despertarme
Cerca de Santa Ana de los Lagos
Le pregunté al chofer si podía detenerse
Solo si usted lo solicita, escuché en mi cabeza
Pues deténganse por favor, ¡quiero conocer a Ana!
Algo confundido, estacionó el autobús a un lado del camino
Abrí la puerta de prisa y me precipité hacia la nada
Miré por todos lados, el aire templado y seco, no me guió hacia sus lagos
Miré ahora el cielo, respire profundo el sabor inerte de pinos, cerezas, de yerbas y vacío
Entre la bruma celeste encendida, divisé una sonrisa
El chofer me tomó del brazo para que vuelva al autobús, entonces le pregunté:
¿Usted ya conoció a Ana?
El, perplejo, me quedó observando sin respuesta en su mirada
-Sonreí también-
Sin decir palabra, lo tomé de la mano y giramos haciendo un círculo, recorriendo en
Pocos segundos los 4 puntos cardinales a ojos cerrados
La encontré frente a nosotros:
Ana se mantenía firme sobre los espejismos de las aguas de los Lagos – que alguna vez fueron- hoy
Cemento asfaltado, la ruta hacia el más allá
El chofer tembló, soltó mi mano y con leves empujones, intentó subirme al autobús
Dejé fluir un suspiro y acaricie la humedad inexistente de la imagen de Ana de Los Lagos
Ella me miraba fijamente aún
¿Cuál es la próxima parada? pregunté. El chofer fingió no escucharme
Entonces comprendí que sería un viaje bello hacia fábulas de asfalto y paraderos de leyenda

 


Acerca de

Claudia Cáceres Franco (Lima-Perú, 6 de octubre 1977) es poeta, narradora y comunicadora audiovisual. Antes de su llegada a Montreal en noviembre de 2009, trabajó en Lima como productora para diversos medios (Canal 5), agencias publicitarias (Inca films) y de eventos (Radical producciones), entre otros. En 2013 decide estudiar el certificado en creación literaria en la UQAM, que combina con su trabajo como representante de ventas y servicio al cliente. En 2014, presentó su primer poemario bilingüe (español-francés) 'Retorno hacia el Antiguo Sur' en el festival internacional de poesía de Val-David, QC. Actualmente es colaboradora del magazine de La Cultural.


'Háblame silencio' tiene 1 comentario

  1. abril 17, 2016 @ 9:10 am Carlos Bracamonte

    ¿Dónde encuentro su poemario?

    Responder


¿Qué piensas?

Your email address will not be published.

Licencia de Creative Commons LA CULTURAL 2014.